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Qué lle acontece á área riparia do río Avia

07/09/2009

A seca masiva de árbores riparias nas beiras dos ríos Avia e Arenteiro, fundamentalmente amieiros (Alnus Glutinosa) copou unha parte importante do traballo que esta Asociación levou cabo nos últimos tres meses, curiosamente tivemos que ser nós quen alertara desta circunstancia, ata o de agora ignorada por aqueles que teñen tódalas responsabilidades á hora de protexer os nosos ríos. A raiz das nosas denuncias, foron varios os investigadores que comezaron a falar deste tema a traveso dos medios de comunicación, a presenza do fungo Phytophthora Alni semella o responsábel fortuito desta desfeita ambiental, nunha das análises, á espera dos resultados doutras tres mostras recollidas por esta Asociación en diferentes tramos do río Avia, deu como resultado a súa presenza.

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Falar dun problema que garde relación directa co fungo en cuestión sería cair no autoengano, sendo realistas, teremos que plantexarnos certas circunstancias que derivaron nesta desfeita ambiental, a situación de estrés na que se atopan as árbores riparias dos ríos galegos resulta máis que evidente, situación ésta provocada por varios factores onde destacan por riba doutros as condicións climáticas, a contaminanción dos ríos ou as compactacións dos terreos (áreas recreativas) e fundamentalmente o uso indiscriminado desta área para usos agrícolas, paseos artificiais ou desbroces indiscriminados que alteran o hábitat afectando á cadéa trófica, en definitiva, rachando o ecosistema fluvial. Esta situación de debilitamento das prantas riparias favorece a propagación de fungos e que o seu impacto sexa máis agresivo, sen equilibrio o ecosistema perde a súa capacidade de autodefensa. Esta é a única realidade, anos e máis anos vivindo de costas ós nosos ríos provocaron a situación, a incompetencia das diferentes administracións neste sentido resulta evidente, sendo os máximos responsábeis da quebra nos ecosistemas fluviais. É insultante comprobar como dende a Confederación Hidrográfica Miño-Sil se nos comunica que esta circunstancia foi detectada hai dous anos noutros ríos da Galiza, en dous anos foron incapaces de identificar o problema, un traballo que apenas copou tres meses de actuación na axenda de Coto do Frade, ¿era tan difícil recoller mostras e analizalas en laboratorio?. Un auténtico escándalo ó que sumar as últimas actuacións levadas a cabo por este organismo.


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Información áreas riparias, a súa importancia

Franjas de vegetación riparia: usos y funciones

Lic. LUCÍA BERNAD

Un área riparia es aquella que se encuentra junto o directamente influenciada por un cuerpo de agua. Riparios significa “perteneciente al banco de un río”, por lo tanto, se refiere a comunidades bióticas que viven a ambos lados de los ríos, quebradas, lagos e incluso algunos humedales (Lovett y Price, 1999; Price y Lovett, 2002a; Robins y Cain, 2002).

Las áreas riparias usualmente mantienen una biodiversidad alta de flora y fauna en comparación con las áreas no riparias, siendo en muchos casos el refugio de especies vulnerables de plantas y animales (Robins y Cain, 2002). Estas áreas proveen de hábitat a gran cantidad de especies silvestres, a la vez que actúan como corredores para el movimiento entre parches de vegetación en el paisaje fragmentado (Price y Lovett, 2002e). Cuanto mayor sea la conectividad entre los parches-hábitats, los animales podrán desplazarse de sitio en sitio con mayor facilidad. Lógicamente esto ayuda a mantener las poblaciones de vida silvestre en bosques y parches de áreas arboladas (Robert et al., 2000).

Por lo general son áreas más fértiles y productivas, con mejor calidad de suelos y constituyen la última línea de defensa para la protección de la calidad del agua y los ecosistemas acuáticos (Price y Lovett, 2002a; Robins y Cain, 2002). Otra de las características importantes de las zonas riparias es la marcada influencia sobre la organización de la diversidad y la dinámica de las comunidades asociadas con ecosistemas acuáticos y terrestres (Robert et al., 2000), complementando sus servicios ecológicos al brindar un amplio rango de valor económico y social, ofreciendo a las comunidades y productores algunos recursos, tanto maderables como no maderables, además de los servicios ambientales de protección y conservación (Robins y Cain, 2002).

La flora riparia es en si misma única y diversa, con vegetación generalmente más alta, densa y estructuralmente más compleja que la vegetación circundante (Price y Lovett, 2002e). Su microclima en la mayoría de los casos es más húmedo. La sombra que produce la vegetación riparia es determinante en las fluctuaciones de temperatura de las aguas y cantidad de luz solar, afectando el crecimiento de las plantas que viven junto a los cauces, y consecuentemente a los peces de agua dulce y vertebrados que se alimentan de animales y frutas provenientes de los mismos (Price y Lovett, 2002d; Boutin et al., 2003). La vegetación que hallamos en las terrazas de inundación en los bosques riparios proveen refugio para peces y otros animales que se encuentran dentro del ecosistema acuático de manera que no sean arrastrados por las altas corrientes que generan las inundaciones y crecientes de los ríos (Price y Lovett, 2002d; Boutin et al., 2003).

Otro de los factores que caracterizan las áreas riparias es el exceso de sedimentos y nutrientes, principalmente fósforo y nitrógeno, procedentes de las áreas de cultivo (Prosser y Karssies, 2001). Estos componentes afectan drásticamente la calidad del agua, trayendo aparejado en algunos casos la pérdida de los hábitats disminuyendo en consecuencia las diversas formas de vida acuática. Las funciones principales del bosque ripario son las de retardar y reducir la escorrentía superficial utilizando para ello el exceso de nutrientes, atrapar los sedimentos y otros contaminantes que se desprenden de los suelos descubiertos o suelos de cultivos, proteger los cuerpos de agua, y aumentar además la infiltración en las áreas de inundación por acción de las raíces de las plantas que crecen en estas áreas (Price y Lovett, 2002b y c; Price et al., 2004).

Otra de las características de las zonas riparias, es que no poseen dimensiones absolutas (Robins y Cain, 2002). La finalidad por excelencia, cuando se manejan este tipo de ecosistemas, es la de poder discernir y discriminar las diversas funciones que cada uno de éstos desempeña dentro del paisaje de la cuenca hidrográfica. A modo de ejemplo podemos mencionar las siguientes, a saber: el área riparia puede afectar de manera positiva la estabilidad del suelo de una quebrada, actuar como un área de amortiguamiento sobre los impactos que puede tener la agricultura y ganadería sobre la calidad de agua en la cuenca, y a su vez, ser importantes conectores entre fragmentos de bosques dentro del agropaisaje (Robins y Cain, 2002).

El ancho necesario de la franja de vegetación riparia, para generar un hábitat o para el simple desplazamiento de una o varias especies en particular, dependerá de los objetivos de manejo que en ellas se realice. En relación con lo anteriormente expuesto debemos mencionar, que cuanto mayor sea el ancho de la zona riparia más beneficioso será a los efectos de proceder a conservación de la biodiversidad. Sin perjuicio de ello los corredores estrechos son asimismo sumamente útiles para el desarrollo y conservación de algunas especies. Considerando las características que poseen, los corredores estrechos que se encuentran en los paisajes alterados, experimentan una situación de borde mayor debido a su área, y por consiguiente tienden a experimentar efectos de borde más serios, como cambios de temperatura e invasión de hierbas no nativas; siendo ello determinante en la eficacia del corredor mismo (Robins y Cain, 2002).

Sin embargo, y a pesar de su significativa importancia, se han eliminado sistemáticamente grandes extensiones de bosques y matorrales que en otros tiempos conformaban la vegetación natural de los ecosistemas riparios, con la finalidad de utilizarlos para el desarrollo de las actividades agrícolas, las que lógica e indefectiblemente acarrean consigo el uso indiscriminado e indebido de plaguicidas, fertilizantes, y otros productos químicos difícilmente degradables, que son fuente de contaminación de los suelos, el agua y los ecosistemas en general. Asimismo, resulta de suma importancia destacar que la degradación de las tierras riparias está comúnmente asociada con la remoción de la vegetación. La extracción de árboles de esta zona incrementa la luz y el calor que llega a los cursos de agua, favoreciendo el crecimiento de algas nocivas y malas hierbas que alteran de sobremanera los ecosistemas acuáticos. Otra de las cuestiones a tener presente, es el hecho de que los sembradíos de extiendan hasta el borde exterior de las barrancas de los arroyos que trae aparejado el incremento de la deposición de sedimentos y nutrientes en los arroyos y cursos de agua; situación esta que lógicamente influye negativamente en la vida acuática ya que los sedimentos que se vierten pueden sofocar el hábitat e incrementar en gran medida el crecimiento de algas. Además, la remoción de la vegetación riparia desestabiliza las barrancas de los arroyos e incrementa significativamente su ancho, provocando asimismo desprendimientos y derrumbes. La deforestación de las zonas referenciadas provoca también que el agua fluya a mayor velocidad contribuyendo en consecuencia al incremento de inundaciones y a la erosión de tierras abajo (Lovett y Price, 1999).

El uso indebido que el ser humano viene haciendo de estas tierras desde hace ya bastante tiempo, contribuirá con seguridad en un futuro más que próximo a su total degradación. El pastoreo, en particular, puede causar diversos problemas como sobrepastoreo, pisoteo y el incremento de la tasa de erosión, cambio en la comunidad florística debido a un pastoreo preferencial, invasión de especies exóticas e incremento de la turbidez en los arroyos y de nutrientes y bacterias (Price y Lovett, 2002f).

En clara contraposición con lo que sucede en la actualidad, resulta de suma importancia destacar que las áreas riparias deberían mantenerse inalterables e incólumes ya que éstas nos proveen de diversos servicios ambientales como ser la disminución en la erosión de las barrancas de los cursos de agua, la mejora en la calidad del agua, ecosistemas sanos, el mantenimiento de la biodiversidad y de los cursos de agua, la disminución de plagas y crecimiento algal, el mantenimiento del stock pesquero, el incremento en el valor agregado, refugio y microclima, la retención de nutrientes, la reducción del nivel de agua, la desnitrificación, oportunidades para la diversificación, la recreación, el entretenimiento cultural y espiritual y el ecoturismo (Lovett, 2003; Lovett et al., 2004).

BIBLIOGRAFÍA

  • Boutin, C.; Jobin B.; Bélanger, L. 2003. Importance of riparian habitats to flora conservation in farming, landscapes of southern Québec. Agriculture, Ecosystems and Environment. 94: 73–87.
  • Lovett, S. 2003. Managing Riparian Land to Achieve Multiple Objectives. RipRap, Edition 23, Land & Water Australia.
  • Lovett, S. & Price, P. 1999. Riparian Land Management Technical Guidelines, Volume One: Principles of Sound Management. LWRRDC, Canberra.
  • Lovett, S., Price, P. & Cork, S. 2004. Riparian ecosystem services. Fact Sheet 12, Land & Water Australia, Canberra.
  • Price, P. & Lovett, S. 2002a. Managing riparian land. Fact Sheet 1, Land & Water Australia, Canberra.
  • Price, P. & Lovett, S. 2002b. Streambank stability. Fact Sheet 2, Land & Water Australia, Canberra.
  • Price, P. & Lovett, S. 2002c. Improving water quality. Fact Sheet 3, Land & Water Australia, Canberra.
  • Price, P. & Lovett, S. 2002d. Maintaining in-stream life. Fact Sheet 4, Land & Water Australia, Canberra.
  • Price, P. & Lovett, S. 2002e. Riparian habitat for wildlife. Fact Sheet 5, Land & Water Australia, Canberra.
  • Price, P. & Lovett, S. 2002f. Managing stock. Fact Sheet 6, Land & Water Australia, Canberra.
  • Price, P., Lovett, S. & Lovett, J. 2004. Managing riparian widths. Fact Sheet 13, Land & Water Australia, Canberra.
  • Prosser, I. & Karssies, L. 2001. Designing filter strips to trap sediment and attached nutrients. Riparian Land Management Technical Guideline Update, Land & Water Australia, Canberra.
  • Robert, J.; Naiman.; Robert, E.; Bilby.; Peter, A.; Bisson, P. 2000. Riparian Ecology and Management in the Pacific Coastal Rain Forest. BioScience 50 (11): 996-1010 p.
  • Robins, J. D.; Cain J. R. 2002. The past and present condition of the Marsh Creek watershed. Berkeley, CA: Natural Heritage Institute. 71 p.

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